• Rafael Flores en Argentina Tango / España - El hoy del tango

    En  esta serie de notas de  Rafael Flores, escritor, estudioso del tango argentino y milonguero él mismo en las noches madrileñas, avanzamos en el desglose de sus capítulos del libro “El Tango, desde el umbral hacia adentro”, que ha sido reditado en una versión ampliada por Ediciones Fabro de Buenos Aires, Argentina.
     

    El tango en nuestros días
    Rafael Flores

    Hacemos tango, lo buscamos, lo seguimos porque ya no imaginamos la vida sin tango. Si no estuviera el tango tendríamos que inventar algo parecido, otro despropósito, otro absurdo, otra vena oculta de la vida para dejar de ir de compras, cumplir horarios y flagelarnos con lo que hay que hacer, creernos que existir tiene sentido cuando, tal vez, no tenga ninguno y esté muy cerca esa verdad con el rostro incendiado.

    No me imagino la vida sin tangos para escuchar, quizá para bailar también, aunque dé igual si para una cosa o la otra. La persona que lo ha sentido en alguna de sus formas queda atrapada, presta a buscar intérpretes diversos, títulos, versiones. Y el músico conminado a interpretarlo según la versión que salió definitiva en su acertada sencillez, a repetirlo así porque buscarle otra forma sería puro manierismo, vacuidad y huida del genio.

    Sí, los que lo hallamos lo necesitamos, aquéllos que un día dimos con sus notas famélicas y envolventes que nos seguirán, como un perro fiel, por dichas y miserias. En unas cuantas frases expresarán enormes despojos del vivir que costaron años y confusiones hasta caer en la cuenta. Pondrán un ribete de filosófica sonrisa a lucubraciones sesudas, se explicarán cantando traiciones que deberían digerirse a balazos.

    Ahí están los tangos para ponernos sañudos y feroces inofensivamente; para abrazarnos al cuerpo de la mujer que ya no está o a la que se ve tan cambiada que preferimos regresar al sueño de haberla amado alguna vez cuando fue infinitamente bella... y quizá, nosotros algo mejores.

    Con los tangos nos acontece esa leve alteración de la conciencia que ninguna droga es capaz de provocar... O tan profunda alteración -entonces- que basta que alguien diga que está de tangos para entenderle.

    Y no vaya a creerse que se trata de una suma, en ningún caso. Se puede bailar toda la noche y de los cincuenta tangos que se hayan bailado, probablemente, uno o dos sean los plenos. De sus numerosos tangos interpretados, es verosímil que el músico haya encontrado su felicidad en un par de versiones o en cierta cadena de notas. Sí, porque la cotidianeidad nos teje la vida en mecanismos de pasión refleja que ruedan y se pierden. No podemos dejar el tango, como no abandonamos la ciudad que, de tanto estar en ella, un día hallamos como nuestra para no marcharnos. Perseverar en el tango casi es como vestirnos de una forma determinada, para que el espejo no nos eche en cara que hacerlo de otra manera es ridículo o desfavorece cualquier encuentro. Ya somos unos cuantos, verá usted. No todos los que podríamos ser, pero dejémoslo ahí.

    Es sabido que el tango no desaparece, aunque unas cuantas empresas como RCA Víctor en Buenos Aires, a finales de los cincuenta, fundió las matrices de grabaciones tangueras porque pensaron que "eso ya había pasado". Reaparece como el río Guadiana, con aguas que parecieron sólo subterráneas, pero que son las mismas que ahora corren con el pecho al sol y al cielo. Unos cuantos bebemos su sabor a sal, a lágrima, a dulzura de otoño, a fresca pureza de quince años, a limón irónico y no podemos dejarlo. Así nos reconocemos... no importa el traje, ni la procedencia, ¡qué va! Hay tantos tangueros indocumentados a veces, que la policía de Migraciones podría llenar un furgón.

    Y muchos más la Academia de la Lengua; llenarlos de mal hablados y mal habladas que chapurrean (o aporrean) inglés, alemán o castellano y que, sin embargo, se entienden de maravilla bailando. No preguntes cómo, ni filosofes: según dice la milonga “con la filosofía poco se goza”. Basta que huelas bien, que los zapatos no se peguen al suelo. Basta que escuchemos la letra en la voz que canta... y ya vamos juntos a ese mar incógnito, donde encontrarás representaciones de infinitas cosas de la vida, de gentes diferentes e, incluso, de ti ahí mismo.

    Las otras notas de esta serie de notas de Rafael Flores:
    Argentina es Tango. Serie Rafael Flores, desde Madrid
    Argentina es Tango. Milonga, siempre milonga
    Argentina es Tango. Rafael Flores en el umbral, desde Madrid
    Argentina es Tango. Rafael Flores, letras de tangos

    Argentina Mundo
    contando la historias del tango argentino y su trascendencia en el mundo

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