• Pedro Alberto Colombo y el Día Nacional del Tango en Argentina

    Lo hace desde La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires, Argentina, con este artículo referido a la que llamamos "música ciudadana". Pedro Alberto Colombo  es un buen amigo de Argentina Mundo y en nuestras páginas se pueden leer colaboraciones suyas como la nota sobre la Orquesta La Sacada y la presentación de la biografía de Roberto Rufino, de la que es coautor. Su nota:

    El Tango: Quijotesco sentimiento popular
              
    Con una vida más que centenaria, el Tango (música, baile, canción y arte popular) es el hecho cultural más representativo del Río de La Plata; valor reafirmado recientemente por la UNESCO, al declararlo Patrimonio Inmaterial Cultural de la Humanidad. 

    Expresión derivada del choque y mixtura biológica y cultural de criollos e inmigrantes, se generó entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, a raíz de las políticas Liberales y Radicales, de un país que ingresó en la modernidad con profundas transformaciones económicas y sociales, las cuales modificaron totalmente su fisonomía.

    En efecto, sin la concreción del axioma alberdiano "Gobernar es poblar", la cuestionada eliminación del "problema del indio" y la polìtica económica agro-exportadora de materias primas lanzada por los liberales, no hubieran sido posibles el corrimiento migratorio del criollaje desde el interior hacia el Litoral. Tampoco los aludes inmigratorios que llegaron a Buenos Aires, en busca de una salida a la depresión económica que afectó a los países del sudeste europeo (Italia, España, Francia) en 1880-1890.

    Híbrido en sus componentes musicales (milonga y cancionero criollo, habanera cubana, vals, polca, schotis y tango andaluz europeos), se conformó acabadamente en canción ciudadana cuando Pascual Contursi arraigó en la poética universal del amor perdido y Carlos Gardel creó el estilo de interpretarlo, con sentimiento y magistral técnica de emisión vocal. Corría el año 1917 y el pueblo había forzado a la oligarquía gobernante el sufragio popular, para elegir como presidente al radical Hipólito Irigoyen.

    Desde entonces, el tango aglutinó a las sociedades urbanas del puerto y del litoral (Buenos Aires, Montevideo, Rosario, La Plata) mostrándoles sus espejos mediante las historias que supo y sabe contar, intercalando en sus versos el "lunfardo" (idioma de los inmigrantes) con el lenguaje popular. En sus páginas todos podemos vernos reflejados.

    Ellas expresan las realidades que la poesía culta cedió al Olimpo: crisis económicas o "mishiaduras", tiempos de purretes (infancia) y pebetas (muchachas bellas),  protesta y bronca, amistad, fútbol y carreras, carnaval, café, familia, misterio de Dios, nada le resulta ajeno al tango. Y si alguien se le tira en contra, la viejecita adorada (madre sacrificada y contenedora del hijo perdido) banca su juego.            

    Su apogeo (1935-1960) coincidió con la popularidad del cine y la radiofonía nacional y con el ascenso social de los trabajadores, propiciado por el Peronismo. Una mejor distribución de la riqueza acrecentó su difusión masiva, presente en la industria discográfica y editorial, en los cafés y en los restaurantes, en las pistas bailables de los grandes clubes y en millares de clubes de barrio. Para disfrutarlo en familia y con los amigos.

    Redivivo luego de décadas de recaída y resistencia a las músicas nuevaoleras impuestas por los países centrales, la distinción del tango por la UNESCO lo suma a las expresiones, conocimientos y técnicas que se le reconocen a los pueblos, los grupos y los individuos capaces de generar un bien transmisible y trascendente para la riqueza e integración de las sociedades del mundo.

    Luchando contra detractores de adentro e intereses comerciales de afuera, vuelve a ser una herramienta para el encuentro popular. Genera un ámbito donde podemos reunirnos para contarnos nuestras penas y alegrías, mucho mejor que el aparato de televisión que nos “atomiza” y nos atornilla al sillón antes de tiempo.

    Solamente hay que atreverse a escuchar su melodía y su ritmo pegadizo e invitar a bailarlo solo por el gusto de hacerlo, sin las dobles intenciones ni el anacrónico sexismo que le adjudican sus detractores. Igual que un buen libro, múltiple y quijotesco, el Tango nos muestra la vida y nos acompaña para sentirla y disfrutarla.

    Pedro Alberto Colombo
    Periodista, escritor, autor de tangos.
    Con motivo del Día Nacional del Tango, 11 de diciembre 2011
    Argentina al Mundo con la música ciudadana de los argentinos, el tango, expresión cultural rioplatense

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