• Palomita blanca en Argentina Tango

    En otra nota de Enrique Espina Rawson, con  fotos de  Muriel Álvarez Arredondo y Iuri Izrastzoff, Fervor x Buenos Aires indaga sobre la existencia de la paloma en las grandes ciudades y de los por qué el gobierno porteño, en Argentina, ha decidido en el 2010 hacerles la guerra… sin que haya Paloma de la Paz para un arminsticio…

    Palomita Blanca 
    Por  Enrique Espina Rawson


    ¿Quién no recuerda aquello de “Blanca palomita, que pasas volando, rumbo a la casita donde está mi amor…”, o la Paloma de la Paz, quizás el dibujo más conocido del mundo?

     

    Sin hablar de la paloma bíblica con el ramo de olivo, o de las innumerables palomas que en las canciones van y vienen llevando y trayendo mensajes, cartas, recuerdos, guirnaldas, pensamientos, lazos de amor y una infinidad de elementos vaporosos y nostálgicos relacionados con ausencias e ingratitudes. “Si a tu ventana llega una paloma, trátala con cariño que es mi persona…”

    Del portal Fervor x Buenos Aires, ilustrando el artículo Palomita BlancaBueno. Se terminó todo eso. Se acaba de presentar en la Cámara Baja un proyecto para declarar Plaga Nacional a la paloma. Los argumentos comienzan por algo elemental: nos salen carísimas. Hay regiones donde estas onerosas mensajeras han causado daños de hasta un 60 % en los sembradíos de girasol. Si consideramos que cada una de estas aves consume un 15 % diario de su peso, no resulta difícil calcular lo que significa en términos económicos.

    La cosa no para ahí. Si hay un animal sucio, es esta cándida mensajera. Sus nidos están compuestos por algunas ramas, hojas o briznas de pasto, con una ligera depresión en el centro, donde la hembra pone sus huevos. Bien, todo esto está rodeado por sus excrementos -siempre crecientes- porque una de las características poco agradables de las palomas es que comen y descomen sin parar, aunque estén caminando, haciendo el amor o volando, y sobre esto pueden dar testimonio cantidad de honestos ciudadanos ingratamente sorprendidos por esta falta de respeto aviar.

    Este amasijo de los nidos es paraíso de pulgas y piojos, en fin... Una vez secos, son diseminados por el viento, y causan alergias e infecciones a troche y moche que todos padecemos. También, como si esto fuera poco, las heces palominas carcomen todo: mampostería, metales, maderas, debiendo efectuarse continuas limpiezas y reparaciones y tapan los conductos de desagüe pluvial, con los desastres consiguientes. En muchos edificios se han visto obligados a colocar mallas de alambre, o chapas con púas para evitar que aniden, pero todo es poco. Son “incorregibles” diría Borges.

    En ciertas ciudades de Europa está prohibida su tenencia, e incluso se penaliza con multa el darles de comer. No sabemos que dirán los colombófilos al respecto, y suponemos que ante el daño público y notorio que nos ocasionan estas aves, no se opondrán a las medidas propuestas.

    Palomas picoteando aquí y allá en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires, ArgentinaAhora bien. Si estas miles y miles de palomas se enteran que se les cortan los víveres, ¿se organizarán como en la película de Hichtcock y se lanzarán en ataques masivos contra nosotros, sus antiguos protectores? Y otra cosa: los que venden maíz en las plazas para dar a las palomas, ¿saldrán a la defensa de sus fuentes de trabajo y harán piquetes en la Panamericana? Nada es sencillo en este mundo, ni el popó de paloma”.

     

     

    Hasta aquí la nota de Enrique Espina Rawson… por alusión, que se suele decir, el clásico vals Palomita Blanca de García Jiménez y Anselmo Aieta en una gran versión: Orquesta Aníbal Troilo, con las voces de Alberto Marino y Floreal Ruíz, como para escuchar varias veces…



    Palomita blanca
    Vals (1929)
    Letra: Francisco García Jiménez
    Música: Anselmo Aieta


    Su ausencia esta congoja me dio,
    y a veces su recuerdo es un bien
    que pronto se me ahoga en dolor...
    Y nada me consuela
    de ir siempre más lejos
    de verme sin ella.
    Mi paso va adelante
    y atrás el corazón.
    El rumbo que me aleja tan cruel,
    me roba sus caricias de amor,
    y sólo el pensamiento la ve,
    la escucha embelesado,
    la besa con ansias,
    la siente a mi lado.
    Y voy, así soñando,
    más lejos cada vez...

    Blanca palomita que pasás volando
    rumbo a la casita donde está mi amor,
    palomita blanca, para el triste ausente
    sos como una carta de recordación...
    Si la ves a la que adoro,
    sin decir que lloro, dale alguna idea
    de lo muy amargo que es vivir sin ella,
    que es perder su amante calor...
    Sigan adelante, pingos de mi tropa,
    que de un viento errante somos nubarrón
    y en un mal de ausencia se nos va la vida
    siempre a la querencia dándole el adiós...
    ¡Palomita blanca!
    vuela noche y día de mi nido en busca
    y escribí en el cielo con sereno vuelo:
    "No te olvida nunca, sólo piensa en vos".

    No sabe aquel que nunca dejó
    su amada a la distancia, el pesar
    que al alma impone un duro rigor,
    que viene de ladero,
    que a ratos la nombra
    midiendo el sendero,
    mirando allá en la sombra
    los pagos que dejó...
    La he visto entre mis brazos llorar
    la he visto al darme vuelta al partir
    su tibio pañuelo agitar,
    y luego irse achicando
    su imagen lejana...
    y en mi alma agrandado
    su encanto... y esta pena
    de no tenerla más...

    Eduardo Aldiser   
         
    Argentina al Mundorecordando aquel, mi Buenos Aires querido y lejano

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