• De antinomias y segundas partes en el tango argentino chamuya Tino Díez

    Desde los albores, nos cuenta Tino Díez  desde Ingeniero White, Provincia de Buenos Aires, Argentina,  de nuestra historia, insertados en la revolución de Mayo, se plantearon antinomias, con sectores bien definidos dentro de la Junta de Gobierno.

    Y cada uno de esos movimientos enfrentaba a sus cabezas, Mariano Moreno partidario de una desvinculación radical del dominio español y Cornelio Saavedra, creyendo que dependiendo de la península ibérica, iba a resultar menos traumático el porvenir inmediato.

    Más tarde se confrontaban unitarios y federales irreconciliables, fragmentando aun más la endeble independencia de la república. El devenir de la historia argentina, la que nos contaron y la otra, rebosa de capítulos recorridos por peronistas y gorilas, azules y colorados, en lo político.

    En lo cotidiano, con Boca y River, rivalizando en las canchas, en las oficinas y en los cafés de barrio; con porteños y provincianos, de quienes el doctor Pedro Goyena advertía que a igual inteligencia, superaban ampliamente, por la impronta de lo que él llamaba “arena dorada”, a los ciudadanos capitalinos
     
    Y el tango, íntimamente ligado al sentir de los argentinos, no podía eludir, siendo el pueblo mismo, tener esos rasgos litigiosos de la paternidad de uno y otro intérprete, de algún tema y del tango mismo.

    Ya que se han escrito muchísimas páginas, analizándose diversas hipótesis, otras tantas procedencias, para llegar a la conclusión que fue el Río de la Plata quien contempló su nacimiento, junto a la patria misma, la inmigración aglutinante y la emancipación de la provincia Cisplatina que acercó aun más la gran patria tanguera reflejada en ambas márgenes del gran río.

    Citaremos sólo una anécdota que con variantes refleja un flash de una charla entre un uruguayo y un argentino, sobre la identidad nacional de cada uno de ellos y la trascendencia mundial del tango. Decía el montevideano que el tango les pertenecía y aportaba fundamentos. “El tango más famoso, ´La cumparsita´, la milonga más conocida ´La puñalada´ y el vals más escuchado  ´Desde el alma´, pertenecen a autores uruguayos” y respondía el porteño. “El tango de Matos Rodríguez, se hizo famoso gracias a Roberto Firpo, Enrique P. Maroni y Pascual Contursi; la milonga de Pintín Castellanos, la amilongó D´Arienzo y  así se hizo famosa y al vals de Rosita Melo le dio jerarquía mundial Homero Manzi, cuando reemplazó la letra de Víctor Piuma Vélez”

    Respetando la producción de los autores, entiendo que, cuando una obra toma estado público deja pertenecer a sus mentores para ser irrenunciable patrimonio universal,  parecen estériles los tironeos desde Tacuarembó y Buenos Aires para hacer de Carlos Gardel ciudadano del mundo o botija oriental, así que pasamos a referirnos a algunos tangos que, surgieron como réplica de otros o como segunda parte de una historia inconclusa.

    Raúl Hormaza contaba que desde muy chico componía versos en la escuela primaria y durante el carnaval para la comparsa de su barrio, San Cristóbal, en Buenos Aires donde llegó luego de su nacimiento en la República Oriental del Uruguay, cuando tenía cuatro años y desde donde además de escribir siempre, fue un conspicuo recitador. En esa tarea descubrió y presentó a Armando Portier, a su compatriota Julio Sosa. Hay grabados una cincuentena de temas suyos.

    El que citaremos lleva el título de “El Nene del Abasto” con música del bandoneonista Eladio Blanco, que tuviera trascendencia al ser grabado por Juan D´Arienzo, con la voz de Alberto Echagüe.  Es la versificación de un prontuario a manera de currículum esperando ser contratado para alguno laburo en puerta:”Quien precise mi trabajo/ le hago un precio acomodao,/ soy El Nene del Abasto/ pa’más datos El Pesao.”

    Casi de inmediato Mario Battistella y sus versos, junto a la música de Edmundo Rivero, compusieron una réplica al tango de Hormaza, rescatando el apelativo de guapo para aquel “el que labura/ y gana con sudor/ el pan que lleva a casa/ sin arrastrar su honor./ Ni en la cara lleva tajos,/ ni presume de matón,/ ése sí que es hombre guapo/ y no un maula como vos.”

    Existe un vals boston  “Allá en el cielo” con música de Luis Manganelli y letra de Pedro Pérez -cuyo título se confunde con otros parecidos - grabado por Miguel Caló con el estribillo de un juvenil Carlos Dante en 1935.

    Otro con letra de Francisco García Jiménez y Julio de Caro registrado en forma instrumental en el año 1952, y con el mismo título, que se refiere a amar después de la muerte física y que comparte la temática con otro tema popularizado por Argentino Ledesma junto a la orquesta de Héctor Varela, apocopado en su nombre “En el cielo”.

    Dice el tango con letra de Enrique Lary y música de Enrique Alessio:”Allá en el cielo,/ frente a Dios, eternamente,/ volveremos a encontrarnos/ para nunca separarnos más./ Libres.../ No tendremos que escondernos,/ como antes, para vernos,/ por temor al qué dirán.”

    Carlos Bahr, con su poema y la música de Enrique J. Munne, nos dejaron el opuesto “Aquí en la tierra” grabado el 9 de noviembre de 1958 por la Orquesta de Rodolfo Alberto Biaggi con la voz de Hugo Duval, que con una filosofía agnóstica expone la urgencia de un amor terreno:” Más quiero que suceda en esta vida,/ aquí, donde el milagro es el amor,”

    Por Tino Díez, Ingeniero White, Argentina
    Argentina al Mundo

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