• Bienvenido Tango y Cultura Popular de Ricardo Schoua, desde Rosario, Argentina, al mundo

    Nuestro buen amigo, porteño de nacimiento pero también rosarino por adopción, sigue realizando una de las mejores publicaciones mundiales sobre el tango argentino y universal. Prometemos una nota específica sobre Ricardo Schoua. Pero nos adelantamos con esta muestra que sirve para valorar al conjunto.

    Este artículo lo ha escrito  Gustavo Rubén Giorgi, para  Tango y Cultura Popular. Realiza desde el capítulo anterior y nuevas entregas prometidas, un análisis del aporte que la ciudad de Zárate, Provincia de Buenos Aires, Argentina, ha hecho al tango con figuras de mucho relieve, como los hermanos Homero y Virgilio Expósito, los Berón, Armando Pontier… En este tramo de la argumentación, el Dr. Giorgi repasa el aporte tanguero de Armando Pontier y Raúl Berón a quien le acaban de dedicar un tango en Buenos Aires.

     



    Logotipo de TYCP, Tango y Cultura Popular que se edita en Rosario con la dirección de Ricardo Schoua

     

     

    Zárate, la ciudad donde se cantaron bien fuerte los ‘40

    (Segunda parte)
     

     

     

    El estudio y el conocimiento demandan sistematizaciones; juicios a veces incómodos, a veces antipáticos, casi siempre teñidos con una alta carga de subjetividad que va en desmedro de la equidad. Sin embargo, así se avanza en el discernimiento de corrientes, orientaciones y estilos.

    La crítica, como toda obra humana, es imperfecta y a veces torpe, pero ella misma se encarga de hacer relecturas y de poner las cosas en su justo lugar. En el tema que nos ocupa, una etapa considerada la más brillante en el desarrollo y evolución del tango, vamos a considerar tres de los cuatro elementos que le confieren entidad artística: la música, la letra y el canto, dejando de lado la danza. Con la reserva hecha, entonces, podemos afirmar que de Zárate salieron uno de los músicos más relevantes del período, el más representativo de los vocalistas y, sin lugar a ningún género de duda, el más destacado de los poetas.

    Armando Pontier (Armando Punturero, 1917-1982) fue un destacado ejecutante de bandoneón, un gran director y arreglador y un  compositor fuera de serie. De él ha dicho Horacio Ferrer:  “Se contó desde su temprana aparición entre los más destacados valores de la Generación del Cuarenta, y a la par de los mayores compositores de tango de todos los tiempos. Dotado de gran talento y de una inventiva musical que le ha permitido cultivar con idéntica calidad las diversas variedades formales del género, la mayor parte de sus páginas figuran ya como clásicos indiscutidos”. (7)

    Es conocido su paso por la orquesta de Miguel Caló, el lanzamiento de su propia orquesta codirigida con Francini, en 1945 y, a partir de 1955, su camino como director exclusivo. “Bien criolla y bien porteña”, “El milagro”, “Margo” y, sobre todo, “Trenzas”, figuran entre sus creaciones cantables de mayor fuste y mejor acogidas; todas, curiosamente, con letra de Homero Expósito.

    Sus tangos instrumentales son señeros, particularmente tres de ellos: “Pichuco”,  ”A los amigos” y, muy especialmente, “Milongueando en el ‘40”. Este último nos interesa por lo que significa como creación musical, como testimonio y como premonición de un artista cabal, por lo que nos detendremos en él.

    “Milongueando en el 40” consta de dos partes, como cuadra a los tangos de la Guardia Nueva. Abre con un leitmotiv repetido en la mitad y al fin de la composición. La primera parte desarrolla la idea musical orquestada, mientras que la segunda, a su vez dividida en otras dos, trabaja la misma idea pero en variaciones para los solos de violín y bandoneón, ambos exquisitamente armonizados con el piano de Olando Goñi –estamos analizando la inmejorable versión de Aníbal Troilo. Todo el tema cabalga sobre un ostinato rítmico, grave en las variaciones y agudo en las partes orquestadas.

    Pontier compuso este tango a comienzos de 1941 y se lo mostró a “Pichuco”, que de inmediato lo estrenó en Radio Splendid y lo grabó el 17 de junio de 1941. El autor no lo registraría sino en 1973, cuando rehizo su orquesta con Enrique Mario Francini para una gira a Japón.

    Es una felicidad, una suerte, que “Milongueando en el ‘40” carezca de letra. Si la hubiera tenido, de seguro habría perdido (o se habría disipado) parte de su esencia. En cambio, dejando la potencia expresiva a la música, la pieza gana en libertad y amplitud conceptual, de suerte que con el correr de los años se ha convertido en un verdadero himno de época.

    Alguna vez hemos recurrido a Nietzche para graficar nuestro pensamiento (8) sobre el particular; reincidimos: “Si nos es permitido, pues, considerar a la poesía lírica como efulgencia imitativa de la música de imágenes y conceptos, podemos preguntar entonces: ¿cómo qué aparece la música en el reflejo de las imágenes y de los conceptos? Aparece como voluntad, en el sentido schopenhaueriano, esto es, como antítesis del estado de ánimo estético puramente contemplativo, exento de voluntad. (…) Toda esta disquisición afirma el principio de que la lírica depende del espíritu de la música, en tanto que la música misma, en su soberanía absoluta, no ha menester de la imagen y el  concepto, sino tan sólo los tolera a su lado”.

    Siguiendo este orden de ideas, “Milongueando en el ‘40” parece ofrendar en su leitmotiv, una llamada y una confirmación de algo nuevo, mientras que las partes orquestadas representan alegría colectiva y los solos la jubilosa introspección de ese sentimiento. Eso para nosotros, porque cada uno puede y debe encontrar significados en esta obra excepcional.

    Hoy día, en cualquier parte de nuestro país y del mundo, la “milonga”, los “‘40” y el título mismo del tango “Milongueando en el ‘40” proliferan en espectáculos, salas de baile, tanguerías, impresos de ropa. Su autor, un muchacho de 23 años que humildemente se abstuvo de grabarlo por más de treinta años, intuyó, sabe Dios cómo, que la época que vivía era única y que el verbo mismo, “milonguear”, desafiaría indemne y elegante el paso de los años y las modas.

     

    Raúl Berón (1920-1982) fue ajeno al influjo de Ehlert en sus comienzos, pero no pudo evitar confluir con los distinguidos discípulos del maestro alemán, Pontier y Francini, en la orquesta de Miguel Caló desde 1939.
    Antes había formado un dúo con su hermano José y actuado como solista en varias radios de la capital. Integró las formaciones de Lucio Demare, Orlando Goñi,  Francini-Pontier, otra vez la de Caló y, por fin, entre 1951 y 1955, la de Aníbal Troilo.

    Decimos por fin porque creemos que “Pichuco” fue un director capaz de sacar lo mejor de todos los cantores, aunque no son pocos los que ponen por encima de esta colaboración la que tuvo con Demare.

    No es posible decir que Raúl Berón haya sido el mejor cantante de la Generación del ‘40, sobre todo si tenemos en cuenta que militó en ella junto a Edmundo Rivero y que esos son los años de inicio de Roberto Goyeneche. Sin embargo, sí se puede arriesgar que haya sido tal vez el más destacado cantante de orquesta y también el vocalista por antonomasia de aquellos años dorados.

    Dice Ferrer: “Creador indiscutido de un estilo vocal de inspiración musical y temperamental netamente gardeliana, su modalidad se caracterizó por la riqueza interpretativa tanto en las páginas fuertes como en las festivas; por su sentido rítmico del tango expresado en un inconfundible modo de sentir, “decir” y de tratar melódicamente la frase en el que su cálida y aterciopelada voz de tenor se combinó con una inagotable imaginación musical”. (9)

    Y su fraseo, único e incomparable con ningún otro, antes y después: De esa admiración (por Gardel)… le ha quedado ese complacido regodeo por los “rulos” –especie de versión muy criolla del melisma árabe: con una sola sílaba del texto cantable hace un grupito de notas intercalado a la melodía natural de la obra.(10)

    Es difícil ser tan gardeliano como Raúl Berón y es difícil ser a la vez tan personal. Se diría que casi imposible. La afinación, la tersura en los pasajes a los bajos o a los agudos, la intención plena de gracia o dramatismo. Y sin embargo, allí están esos “rulos”, que como bien dice Ferrer tienen mucho de árabe.
    Pruebe usted escuchar a los grandes cantaores, Camarón de la Isla, por ejemplo, y verá cuánto de arábigo, de primer habitante de la pampa, hay en ese canto- Un canto que -Niestzsche otra vez- sólo tolera la imagen y el concepto, buscando ser música pura. Y si no entiende la letra, amigo, ¡cómprese “El alma que canta”!(11)


    Gustavo Rubén Giorgi

    (Continuará en el próximo número de Tango y Cultura Popular)

    REFERENCIAS
    7. “El libro del tango, arte popular de Buenos Aires”, Antonio Tersol Editor, Buenos Aires, 1980, Tomo III, págs. 843 y sigs.
    8. “El origen de la tragedia”, en nuestro libro “Aunque sean los papeles rotos de las calles”, Ed. ALLONI-PROA, Buenos Aires, 2007, pág. 23).
    9. Ferrer, op. cit., Tomo II, pág. 111. 10. Ibídem, Tomo I, pág. 416. 11. Ibídem, pág. 417.

    Sobre el autor de la nota, datos biográficos de Letralia

    Gustavo Rubén Giorgi

    Abogado y escritor argentino (Zárate, Provincia de Buenos Aires, 1955). Trabaja como funcionario público en el cargo de jefe del Registro Civil de Zárate. Ha publicado Cuentos de la resignación (Editorial Dunken, Buenos Aires, 1997), el libro de relatos históricos El profeta y el traidor (Ediciones Proa, Buenos Aires, 2000), los poemarios El último bien (Proa, 2001), El retorno de Hipsipila (Alloni-Proa, Buenos Aires, 2005) y Acechanza de reflejos (Proa, 2009), la colección de ensayos Aunque sean los papeles rotos de las calles (Alloni-Proa, 2005) y un volumen con el relato “El emisoriario” y el soneto “Elección” (colección “Biblioteca Mínima” del diario Opinión; Cochabamba, Bolivia, 2007). Además, textos suyos aparecen, traducidos al italiano, en la Antologia della Poesia Argentina Contemporanea (Edizioni Sentieri Meridiani, traducción de Emilio Coco; Foggia, Italia, 2007). Ha dado conferencias sobre cine, historia y literatura en Buenos Aires, y en el interior y exterior de Argentina. Integra el plantel de colaboradores permanentes de la revista Proa, fundada en 1922 por Jorge Luis Borges y en la que ha publicado cuentos, poemas y ensayos desde 1998. En 2009 fue jurado, en el género Novela, para la Faja de Honor 2009 de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade).

    Argentina al Mundo destacando la labor periodística de los difusores del tango argentino en el mundo

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