• Argentina es Tango. Rafael Flores, letras de tangos

    Cuarta entrega de esta serie de notas de  Rafael Flores, escritor, estudioso del tango argentino y milonguero él mismo en las noches madrileñas. Nacido en Villa de María, Provincia de Córdoba, Argentina,  residente en Madrid, analiza las letras o poesías del tango, esa expresión de las ciudades portuenses rioplatenses.   

    El tema de las letras y del tango mismo
    Rafael Flores

    Es realmente difícil encontrar letras relevantes en las últimas décadas del siglo XX. Sentimos que, por definición, la poesía del tango estuvo siempre unida a la vida, plantada en un soporte más perecedero, a la vez que eficaz, que la literatura escrita. La invención del disco acabó con la fugacidad, estableció la divulgación y el archivo de la literatura tanguera. Y el disco, a través de la reinterpretaciones anima lo que en la cultura escrita se llama recreación de un texto. No obstante, la deuda con la tradición oral sigue manifiesta en la canción. Recordamos el contenido pegado a una música, y muchas veces no acabamos de entrar en su significado, llevados por la fuerza de la melodía. Señalamos ya, que el tango abrió el primer camino de la narración sobre la vida de una ciudad moderna como Buenos Aires, con sus mestizajes, su identidad en construcción, sus cambiantes paisajes. Para ello delineó personajes, conflictos, y una manera de nombrarlos. La ciudad empezó a tener palabra universal y reconocible en los tangos. Mas después de la “década de oro”, la creación poética empezó a ralearse, a ser esporádica. Continuaron cantándose las obras anteriores, de los tiempos de Gardel y lo que vino después hasta los años 1960.

    Por su parte, la narración literaria aumentó de modo considerable. Un fenómeno que comprometió toda América Latina, siendo paradigmáticamente urbana en el Río de la Plata. Muchos mundos empezaron a existir porque un gran cuento o novela los instauraba. Dictadores y sus cortes esperpénticas, conflictos individuales de mínimo perímetro, personajes invisibles o insalvables si la lente de un artista no los hubiera enfocado. La ciudad se reconocía en sus escritores. Si acaso la canción se volvió folklórica, de protesta, rock nacional… hubo escasamente algún tango, o ninguno. Como si éste estuviera sin encontrar la clave contursiana o de la “Década de Oro”, como si sus versos dieran manotazos o movimientos de espásticos. En los últimos años parece haber ocupado gran parte de aquel territorio tanguero, la salsa con su empuje narrativo y su habilidad para contar. Aunque no alcance (ni en sus mejores autores: Blades, Guerra, etc.), la elaboración poética y filosófica de las grandes letras del tango. ¿Será el efecto de estos tiempos pragmáticos y urgentes? El oráculo aún no se devela.

    De cualquier forma, siendo tangueros no nos arredra la reinterpretación de temas mayores… en calidad y en años. Disfrutamos de una tradición de por sí compleja y que admite diversas relecturas. Nos gustan las anécdotas de los tangos, el vericueto andado por sus compositores, las situaciones que se generaron en las milongas, las crónicas de las “barras” de aficionados. El mundo del tango se ha convertido en galería de un pasado que puede pertenecernos en cualquier ciudad donde vivamos. O, en todo caso, nos conmueven esas historias de un país joven marcado por la inmigración, la contingencia y los anhelos de construirse una identidad con el resbaloso barro de la modernidad.

    Portada de las partituras del tango argentino Gricel de José María Contursi y Mariano MoresNo hacen falta esfuerzos especiales para representarse hechos paradigmáticos del tango: sus acontecimientos, dramas y conflictos son reconocibles. Más allá “del pasado ilusorio” que sintió Borges en la “secta del cuchillo y el coraje”, también nos afectan otras cosas de ese “lugar del mundo”, nos conmueve la lírica que es la tónica hacia lo que el tango se vence. Ciudadanos y ciudadanas expuestos a una cotidianeidad gris omnipresente, de vez en cuando nos sacude un hálito de otro mundo, un aire de embriaguez y de sueños que se romperán…

    Y allí está el tango volviéndonos artistas incipientes, a punto de que en su ámbito se nos esté por revelar algo. Lo expresan letras de distintas etapas, como ciertos sucedidos que forman un corpus de capas y capas que concluyen convirtiendo el género en tema de sí mismo. Lo que se dice “el tango del tango”, la mirada sobre la propia andadura. Aunque muchas historias narren hechos imposibles en los tiempos presentes e incluso así lo fueran también cuando se escribieron, siempre se advierte el intento de parecerse a la vida o de reinventarla. Fluyen los tangos pegados a la existencia por lo que nos parecerán tocados de cierta intemporalidad.

    El descubrimiento de sucesos puntuales que explicitan un tema, las motivaciones de determinados autores, la probable inspiración en algo que conocemos, las conexiones de los intérpretes, nos darán pábulo a la búsqueda, alimentarán el gusto de “estar de tangos”, de adentrarnos aún más. Y ya se sabe que las cosas se valoran mejor cuando sus posibilidades dan la sensación de inagotables, cuando nos invitan a transitar laberintos que son aliento y estímulo para seguir en el camino.

    Otras notas de esta serie de Rafael Flores:

    Argentina es Tango. Serie Rafael Flores, desde Madrid
    Argentina es Tango. Milonga, siempre milonga
    Argentina es Tango. Rafael Flores en el umbral, desde Madrid

    Argentina Mundo
    recorriendo el contenido social y artístico del tango argentino

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