• Argentina Tango y Novela - Su historia en el Diario La Nación de Argentina


    Como César Tamborini Duca  ha sacado del arcón físico y de los recuerdos estos artículos del  diario La Nación de Buenos Aires, Argentina, firmados por Miguel D. Etchebarne en 1957. Este autor va recorriendo las distintas influencias que enriquecieron a esa “musiquita”, que diría Borges, capaz de integrarlas sin perder su identidad, lo que es inherente al tango, con su ritmo… que ha cambiado desde la guardia vieja para aquí, pero que siempre identifica a más que un género musical… es un sentimiento per se, se baile o no, contrariando a Discépolo cariñosamente.
     

     

     

    Tango y novela

    Manuel Gálvez –que desde hace muchos años viene anunciando en el reverso de las portadas de sus libros uno a llamarse Tangos, inédito hasta la fecha-  ha dado una buena descripción de la danza en el capítulo inicial de Nacha Regules (1919). Un poco antes, en una novela hoy muy rara  -Las de Wilson (1918) de Alfredo French-  se pintan las figuras de un tango en un baile de campo.

    El tango de los cabarets de París lo graba al aguafuerte Ricardo Güiraldes en Raucho (1917). Del de arrabal muchos se han ocupado; nadie, empero, logra captarlo como Fernando Gilardi en La mañana (1937): “Rasguearon los guitarreros marcando compases largos como rayones de espuelas sobre las baldosas. Rápidamente unas veinticinco parejas se completaron y se dieron al mecimiento reconcentrante de un tango. Comenzó despacio, angosto, trémulo: se detallaron las quejumbres lentas que ondulaban como celajes, decreció en pliegues, se ensanchó en bruma turbulenta matizada por los acentos vívidos; y la masa de bailarines adquirió grandura de rio que crece y se desborda en los vados. Revestidos, él de altanería y ella de ductilidad, atentos a las notas tomaron el compás, trazando un caminado simétrico y sin firuletes al principio, para en seguida entrar en confianza la soltura del hombre con la femenina y buscar el entrevero y su aspiración a fantasías. Pechos en roce leve, cinturas elásticas al par de los miembros, pies pulcros, apuraron pasos y contrapasos de avance y de costado, contornearon con inflexión ardiente unas figuras; y entre adornos y gustaciones turbadoras descansaron en la asentada, con aire dolorido… Sobre los zapatos charolados que espejeaban arrastrados, enseñaban las enaguas de blancura persistente su calado blancor puro, y el frufrú del roce rústico, era de jilgueros levantados de sorpresa. La silueta viril aguerría su empaque guiador del bullicio grácil”.

    Sobre el mismo tema, Bernardo Verbitsky publicó, en 1953, una novela llamada Calles de tango, y Álvaro Melián Lafinur nos hace esperar otra –El sabor del tango- de la que anticipó un interesante fragmento, en estas mismas columnas, el 1-XI-1953.

    Miguel D. Etchebarne  (La Nación, domingo 17 de marzo de 1957)

    El cuadro de la portada es una obra del pintor y bandoneonista argentino Alberto Bono

    Vamos a ver qué nos cuenta en “Ensayos sobre el Tango, Gardel”

    Eduardo Aldiser
    Argentina al Mundo con la historia del tango argentino y su relación con la literatura

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