• Argentina Tango con Rachel, sudafricana y tanguera

    Como dicen los colegas de la Asociación Ángel Villoldo desde Concepción del Uruguay, Provincia de Entre Ríos, Argentina, en Rosas de Otoño, su excelente revista, ésta es una historia de vida que nos llega a través de Juanjo Minatel y Rosa Candelas, con la firma de Soher El Sukaria. Les presentamos a...

    Rachel, una historia de vida
    Por Soher El Sukaria


    Llamativa experiencia de una joven mujer sudafricana que encontró en el Tango todo lo necesario para normalizar una vida de llena de vicisitudes y curiosas alternativas. El Tango fue su mecanismo liberador. Rachael nació en Johannesburgo (Sudáfrica) y en la década de los ‘90 decidió instalarse en Australia para desarrollar nuevos horizontes y es allí donde se entusiama con el tango y comienza a tomar clases de baile.

    Más adelante y por circunstancias familiares regresa a Sudáfrica para enfrentar en su condición de hija única la pérdida de seres queridos, encontrando en el tango el refugio para elaborar y superar el duelo ante el adiós definitivo de sus padres, hasta que resuelve emprender un viaje a Argentina, planificado para un tiempo limitado pero que se prolonga por un par de años.

    A la hora de las evaluaciones, Rachel comenta que el ambiente tanguero de Buenos Aires atesora una mezcla de elementos ventajosos como la meditación, el aprendi-zaje, su impacto social, desarrollo profesional y el conocimiento del propio cuerpo. Y en cuanto a los aspectos negativos, enumera los celos profesionales y la competencia, ambos originados -a su entender- en la inseguridad, esa lucha entre el ego, la so-berbia y la humildad, aunque considera que es posible la superación, como humanos al fin, cuando conocemos nuestras metas y aprendemos de nuestras propias limitaciones.

    Rachel rescató y aprendió de Buenos Aires la intensidad de su vida nocturna, disfrutándola al compararla con Sudáfrica -una sociedad golpeada por diversos factores- que la afectaron con mayor vehemencia por su condición de hija única, y por ese distintivo de ser parte de una generación que se preparó para emigrar a otras latitudes, donde ahora vive la mayoría de sus amigos y compañeros de universidad.

    En la ciudad de Buenos Aires bebió el néctar de la estabilidad familiar a diferencia de su país y de la vieja Europa, porque el argentino tiene la costumbre de hacer sentir al visitante como parte de su familia, de su núcleo más íntimo, acogiéndolo como un miembro más aunque no exista el lazo sanguíneo. Por otra parte, considera excepcional el nivel del pensamiento en cuanto al arte del tango, partiendo de la base que la investigación del movimiento es un arte elevado que requiere notable dedicación.

    El tango en su país ahora goza de simpatías, especialmen-te por parte de las mujeres, ya que si en Argentina los roles de la pareja están bien definidos, en Sudáfrica la cultura social que identifica el papel masculino es la del rugby y la cerveza, muy lejos de tomar en cuenta, todavía, el rol del hombre en la danza. Sin embargo desde hace una década la movida tanguera dio sus primeros pasos en aquella geografía del continente negro y alienta la expectativa que en poco tiempo más, su desarrollo alcanzará niveles explosivos.

    Rachel, muchacha sudafricana que ha instalado el local Libertango en Ciudad del Cabo, SudáfricaTranscurrido un tiempo, Rachel decidió volver a su tierra para radicarse en forma definitiva, por aquello del a-pego a las raíces y fijó su residencia en Ciudad del Cabo, una urbe de intenso y sostenido movimiento allá en el sur de África, muy cerca de donde se hermanan las aguas del Océano Índico y del Atlántico. Con audacia dio un paso de coraje e iniciativa y así nació Libertango, una escuela donde se imparten clases de tango, compartiendo los conocimientos adquiridos durante su estancia en Argentina.

    Pero la actividad no quedó circunscripta a la danza, sino que desarrolló la costumbre de invitar a bailarines rioplatenses y ofrecer espacios sociales para la práctica del baile, alentando el propósito de replicar el ámbito argentino. Todos los matices del tango y una orquesta de fondo, con el claro objetivo de instaurar la cultura de la milonga en  encuentros de frecuencia mensual.

    Posteriormente, las actividades de Libertango se expandieron, al impartir clases a través de seminarios que se prolongan de cuatro a seis semanas, apoyados por música tradicional, electrónica y alternativa, medios estos dos últimos –nos explica Rachael- como ayuda para que el sudafricano alcance a comprender el tango tradicional para “engancharse” con esa cultura.

    El nombre de Libertango es para su fundadora un homenaje a la liberación que el tango propone a partir de la meditación a la que obligan su cadencia y poesía, porque bailarlo significa para Rachael “escapar de las cosas cotidianas e ingresar a otro mundo introduciendos gratas nuevas en Sudáfrica, porque el tango no es estático sino absolutamente personal...”

    Argentina Mundo con los cultores del tango en España, Europa, el mundo

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