• Argentina Tango - Tino Díez `Antinomias y segundas partes en el tango argentino´

    Sobre el tango, nos dice Tino Díez  desde Ingeniero White, Provincia de Buenos Aires, Argentina, ya que se han escrito muchísimas páginas, analizándose diversas hipótesis, otras tantas procedencias, para llegar a la conclusión que fue el Río de la Plata quien contempló su nacimiento, junto a la patria misma, la inmigración aglutinante y la emancipación de la provincia Cisplatina que acercó aun más la gran patria tanguera reflejada en ambas márgenes del gran río.

    Hablemos de sus antinomias. “Si se salva el pibe” con letra de Celedonio Esteban Flores y pentagrama de Francisco Prácanico, escrita en 1932, es una pincelada folletinesca de un accidente que sufriera un chico y en su transcurso los reproches y las esperanzas de recuperación lastiman y mitigan a sus protagonistas y queda el interrogante  “Si se salva el pibe, si el pibe se salva / vas a ver la fiesta que vamos a dar,/ si Dios no permite que el pibe se vaya/ llenaremos toda la casa de adornos / y daremos juntos las gracias a Dios...”

    Un año después los mismos autores editaron una segunda parte con el título: “Se salvó el pibe”, que a decir verdad no tuvo demasiada trascendencia – hay una grabación de Enrique Campos con el acompañamiento del conjunto de Miguel Nijenshon -. que en su recitado inicial dice: “Dios quiere para los pibes/ otra suerte, ya lo ves./ Cuánto sufrir, cuántos ruegos,/ pero ya juega de nuevo,/ se salvó el pibe, mi bien”.

    Otro tanto pasó con el tango de Eduardo Marvezzi “Volvamos a empezar” que dejaba un interrogante abierto, cuando expresa “Con sombras de cárcel lavé mi pecado/ si acaso la cárcel lo puede lavar/ los jueces de mármol nunca comprendieron/ que a veces la vida te obliga a matar” como dejando un resquicio por donde dejar filtrar una continuidad, en otro tema sucesivo.

    A pesar que esa era la idea, según quedó expresado en una nota televisiva, al maestro Alfredo de Ángelis, magnífico en su versión con Oscar Larroca, no se tuvo conocimiento de una segunda parte.

    Un tango continuador de un éxito del cantante chileno Antonio Prieto (Juan Antonio Espinoza Prieto), junto a la orquesta de Juan D´Arienzo, fue “Después de la boda”.

    Con su hermano Joaquín, en 1960 habían creado el vals “La novia” que se extendió por el ámbito latino rápidamente, con cierto disgusto de la iglesia, o de algunos de sus integrantes, que afirmaban que el “Ave María” no debía ser cantando en cualquier ámbito y que el indicado no era un teatro, sino que debían limitarse a espacios religiosos. Dice en una de las estrofas: “Mentirá también al decir que sí/ Y al besar la cruz pedirá perdón/ Y yo sé que olvidar nunca podría/ Que era yo, no aquel, a quien quería”

    Cuando pocos meses después en 1961, el sello RCA Víctor decide juntar a la orquesta del Rey del Compás con Antonio Prieto, el cantante chileno, y elige “La calle del pecado”, con letra de Roberto Lambertucci y música de Roberto Rufino, a propuesta de D´Arienzo y le pide a Jorge Dragone (Jorge Nicolás Dragone)  un tango de temática similar a “La novia” .

    Así surge con versos de Abel Aznar  (Abel Mariano Aznar) y música de Dragone el tango “Después de la boda”,  Su estribillo dice: “Si te quiero...Dos palabras de amor;/  que al brotar de sus labios,/ en el íntimo encuentro,/ son dos gritos de adentro, de su mundo interior.../ Si lo juro... Y en tus brazos decir,/ si lo juro, lo juro, lo juro.../ Que hoy empiezo a vivir.”

    Virgilio San Clemente en letra y Maruja Pacheco Huergo con su música de dieron entidad de tango a “El adiós”: “En la tarde que en sombras se moría,/ tristemente nos dimos el adiós;/ mi tristeza profunda no veías/ y al marcharte sonreíamos los dos..”(…) “En vano el alma/ dirá a la luna/ con velada la pena/ y habrá un silencio/ profundo y grave/ llorando en mi corazón” dicen los versos iniciales y de cierre de esta obra de 1937 que tiene al año siguiente una suerte de continuación en los versos de Enrique Domingo Cadícamo  y la música de José Tinelli. Se trata de “Por la vuelta”:”¿Te acuerdas? Hace justo un año,/ nos separamos sin un llanto,/ ninguna escena, ningún daño,/ simplemente fue un adiós/ inteligente de los dos”.   

    Si se analizan los orígenes de los tangueros más notables, se encontrará un porcentaje amplio de italianos, seguidos por españoles y judíos. Luego vendrán distanciadas las otras procedencias que también alimentaron al tango. Es decir que el tango está inmerso en las creencias y supersticiones que le aportó la inmigración europea aporteñada. No es de extrañar entonces que Francisco García Jiménez compare en el tango “Suerte loca”, que “al saber lo llaman suerte”  para iniciar su tango con música de Anselmo Alfredo Aieta, de esta manera:

    “Yo también entré a jugar/ Confiado en la ceguera del azar,/ Y luego vi que todo era mentir/ Y el capital en manos del más vil/ No me creés... ¡Te pierde el corazón!/ ¡Que fe tenés!... No ves que no acertás?/ Que si apuntás a cartas de ilusión/ Son de dolor, las cartas que se dan.”

    Y la acidez de los versos del tango “Mala suerte” de Francisco Floreal Gorrindo, con la parte musical de Francisco Lomuto, también se lamenta: “Yo no pude prometerte cambiar la vida que llevo/ Porque nací calavera y así me habré de morir,/ A mí me tiran las farras, el café, la muchachada/ Y donde haya una milonga yo no puedo estar si ir/ Bien sabés cómo yo he sido, bien sabés cómo he pensado/ De mis locas inquietudes, de mi afán de callejear,/ ¡Mala suerte si hoy te pierdo! ¡Mala suerte si ando solo!/ ¡El culpable soy de todo, ya que no puedo cambiar!”.

    Existe un vals de José Canet en letra y música, que denominó “Antes” de que la hizo un éxito el autor con la voz de Alberto Gómez en el año 1954 que, en los versos iniciales, expresa: “Antes era feliz, pues no sabía/ de traiciones, de amor, ni desengaños/ Antes era feliz, pues no tenía/ este amargo sinsabor que traen los años.” Para cerrar, desalentado, el estribillo:”Antes era feliz, pues no creía/ que la vida era tan cruel y despiadada.”.

    Diez años antes Homero Manzi con música de Hugo Gutiérrez, había compuesto la separación inevitable y desgarrante, “Después”. ¿Qué hacer ante la perdida del ser amado? ¿Cómo seguir viviendo? Todo lleva una denominador sangrante y doloroso: “Después .../ La luna en sangre y tu emoción,/ y el anticipo del final/ en un oscuro nubarrón./ Luego/ irremediablemente,/ tus ojos tan ausentes/ llorando sin dolor.(…) y en una ausencia leve/ tu pálido final.”

    Para el cierre, un tango con réplica, no conozco si hay otros, que al primer tango creado por Gardel sobre los versos de Celedonio Esteban Flores “Mano a mano”. El uruguayo Donato Racciatti, creo para una grabación una segunda parte o contestación a la letra original interpretada por Luis Correa y réplica cantada por Beatriz Del Campo

    Comienza normalmente:”Rechiflado en mi tristeza,/ hoy te evoco y veo que has sido,/ en mi pobre vida paria,/ solo una buena mujer/ Tu presencia de bacana,/ puso calor en mi nido; fuiste buena consecuente,/ y yo sé que me has querido,/ como no quisiste a nadie,/ como no podrás querer.”

    A lo que responde la cancionista:”Yo no sé por qué estás triste,/  y evocás lo que ante`sido,/ yo no quiero ni engrupirme,/ que era una buena mujer./ Y aburrida de tu trato,/ preferí dejar el nido,/ porque me tenías cansada,/ con tu beguein de engrupido;/ y decís que te he querido,/ como no debía querer.”

    La virtual payada tiene el habitual cierre del cantor:“Nada debo agradecerte,/ mano a mano hemos quedado;(…) y si alguna deuda chica,/ sin querer se me ha olvidado,/ en la cuenta del otario,/ que tenés se la cargás.”

    Pero su compañera no se queda atrás en la respuesta:”Nada debo agradecerte,/ decís mal agradecido,/ pero no pienso cobrarte, porque quedarías fundido;/ es mejor de que a tus deudas,/ las encierre en el olvido,/ porque si no pagarías,/ todo lo que hice por vos.”

    Seguramente el tema no se agota aquí y alguien tenga oportunidad de localizar más casos iguales – y mejores -  para exponerlos. Claro había que ver si el interés que puede suscitar, justifica una segunda parte.


    Por Tino Díez, Ingeniero White, Argentina
    Argentina al Mundo,

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