• Argentina Tango - Mi amigo Alberto Bono - Buqui Vatalaro evoca

    Era el 20 de octubre de ese 2010 de fastos…el final de la noche se prolongó para la gente del tango de Rosario, Buenos Aires, en Argentina...  Galicia… nosotros en Madrid, por España, en Italia. Para los muchos que conocieron y trataron a Alberto Bono, bandoneonista y pintor argentino, pintor y bandoneonista rosarino… desde allá es José Alberto “Buqui” Vatalaro, escritor y gran amigo, quien lo recuerda…

    Mi amigo Bono

    In memoriam…
    Al Flaco le gustaba el champán y el vino tinto, no cualquier champán, no cualquier vino tinto. Por eso en la mañana, entre semana, se venía de Casiano Casas a reunirse conmigo cerca del mediodía en El Cairo para tomarnos un Valmont y conversar tangos.

    A veces, que no fueron muchas, debo decirlo, almorzábamos también. Y digo que no fueron muchas las veces porque al Flaco, que siempre tuvo ideas raras, ideas nuevas, diferentes, como buen artista, se le dio por partir antes de tiempo, mirá vos, toda una macana, y ¿sabés qué?, me dejó acá, solito y solo, colgado del pincel, porque cuando apenas comenzábamos a tomarle el gustito a la rutina a él se le ocurrió volar, qué se yo, irse, mandarse a mudar a otros escenarios. Eso sí, todas las veces no hubo manera de apartarlo de la idea de correr detrás de un asadito en algún restaurante del centro. Y hasta en la orilla del río comió con nosotros, los muchachos: siempre que el frío amaine y el sol caliente un poco, decía, pobre Flaco. Tenía que cuidarse el Flaco. Por eso, nada de frío, de lluvia, a puro sol vivía. Ni chinchulín, ni mollejitas, él era la carne asada al punto justo, o el churrasquito las más veces, con su infaltable ensalada de rúcula y parmesano, y el toque sutil de la oliva y el limón. 

    Y el Flaco hablaba, ¡cómo hablaba el Flaco!, hasta por los codos hablaba. Pero, ojo, ojito che que no hablaba cualquier cosa, hablaba interesante el Flaco, encantador. Una vez, entre tantas palabras ordenadas en fila, me dijo: “Buqui, no importa si el artista es bueno o malo, excepcional o mediocre, talentoso o no, lo que importa al artista para que su obra tenga éxito, para que se valore lo que hace, es ser famoso, nada más que ser famoso, acordate de esto”.

    Alberto Bono, pintor y bandoneonista argentino, al terminar uno de sus famosos murales, en Rosario, su ciudad natal

     

    Y yo me recuerdo siempre de esto, sus palabras, que una vez me dijo el Flaco. Y cuánta razón había en ellas.
    Ahora que ya no lo tengo hace un año, pues hace un año que se me fue de gira sin avisar, lo extraño tanto que no me lo puedo sacar de la cabeza. Si hasta su número quedó grabado a fuego en mi celular, y su dirección de correo que no me atrevo a borrar. Y no me lo puedo sacar de la cabeza por dos motivos que ya son impulsos a esta altura: porque era un gran amigo, de esos que no se empardan, compinche y compañero, un hacedor de aventuras, noctámbulo, vivaracho, enamorado de la vida; y porque era un gran artista. Tenía por costumbre serlo. Y tan bien lo era, ARTISTA, dicho así, con mayúsculas y letra de molde, que era de lo mejor... dejame decirlo así: el Flaco era el mejor.

    Y no solamente lo extraño a él, ¡qué, bah!, está claro que extraño también verlo pintar sus cuadros, porque yo lo vi pintar con estos ojos, esas pinturas maravillosas, óleo y acrílico, color y movimiento; y echo de menos también, ¡cómo no hacerlo!, aquel sonido formidable, emblemático y fatal del bandoneón. Ese rezongo preciso de su “Doble A”, asmático sonido de un fuelle que, al oírlo, me hacía temblar como hoja en otoño, penetrando mis nervios, nervios que pendían de un hilito y, haciéndome un pozo en alma, se me aflojaban las patas cuando sus dedos blancos y largos, dedos llenos de huesos, empezaban a teclear el nácar, cuando a sus dedos caprichosos se les daba por tocar “Nieblas del Riachuelo”, o “Adiós Nonino”.

    ¡Las noches que habré ido a escucharlo tocar en algún piringundín de Pichincha! El Flaco se acomodaba en el centro de la escena, cazaba el fuelle, se lo ponía en la falda, cerraba los ojos, y empezaba poquito a poco a acariciarlo como si de las piernas de una mina se tratara.

    Imaginátelo así, hacé la prueba, intentalo, imaginátelo así, ahora cerrá vos los ojos y pensá en su figura, en esa estampa de Jesusito que tenía. De un Jesusito cargando con su propia cruz, no de otro. Maldito enfisema. Muy flaco, muy alto, y aquella blanca lividez, y su boina negra, corona de espinas.

    Mujer y bandoneón, cuadro del pintor y bandoneonista argentino Alberto Bono, fallecido el 20 de octubre de 2011Y si hablamos de piernas de mujer, te pregunto a vos compañero, pero decime la verdad: ¿quién sino el Flaco había en este mundo para pintarlas mejor y más lindas?, pintar esos muslos, esas pantorrillas, esos tacos altos aguja pisando suelo cabaretero, haciendo firuletes sobre un parqué ya lustrado mil veces antes, con mil suelas de otros zapatos. Y si no me creés compañero, si pensás que exagero, te lo digo a vos que me estás leyendo, sí a vos te digo, yo te aseguro que no, que no exagero ni un cachito cuando te cuento que el Flaco pintaba las piernas de mujer más asombrosamente bellas que vos y yo hayamos vista en esta vida, o iremos a ver en otra.

     

    ¡Ay, Flaco!, en qué gorrión estarás ahora viviendo, ilusionándote, volando como un loco lindo, saltando nervioso las ramas, de árbol en árbol, queriendo picotear algunos sueños propios y otros ajenos, qué se yo, andando por acá, en tu ciudad, de aquí para allá, en esta Rosario que te vio nacer, y que te vio morir a la vuelta de la esquina, cerca de casa, en la ochava donde estaba el bar aquel en el barrio norte, una mañana de octubre. Era primavera ¿te acordás?, cuando te vio morir tu ciudad, ciudad canalla, como canalla fuiste vos, Flaco, agarrado a tu bandera.

    Ahora sí, dejame que te diga una cosa, aunque no te guste te la voy a decir igual, cortita y al pìe, Flaco, y no me importa nada que te pongas colorado: “no habrá otro igual, escuchame bien, como vos no habrá otro igual”.

    Buqui Vatalaro
    (También rosarino, tanguero, canalla, y amigo del Flaco)
    Octubre de 2011


    Astor Piazzolla reeditó su Nonino la noche de la muerte de su padre… Adiós Nonino se transforma en un Adiós Flaco. El mismo Alberto Bono lo va desgranando en el escenario del Teatro El Círculo de Rosario, en una noche de 2009





    Argentina al Mundo
    recordando a los grandes artistas del tango argentino

    Compartir en

    Lista de comentarios

    bonocintia2gmail.com 21/04/2013 03:29:12

    gracias por acordarce y las palabras hacia mi papa se los agradesco

    cristina20/10/2011 21:14:54

    Buqui, me pongo de pie para aplaudirte sin cesar, inmejorable homenaje, emotivo, fuerte, muy fuerte, auténtico, absolutamente sincero "guardado celosamente y soltado con mucha fuerza desde lo más profundo de tu corazón.
    No se como ni de que forma, pero estoy segura que de alguna manera al Flaco le va a llegar, y seguramente como siempre con su mayor humildad dirá "pero mirá este Buqui las cosas que escribe de mi, si yo simplemente pintaba y tocaba el fuelle".
    Bravo Buqui,comparto tu sentir, que menos que esto, el Flaco lo merece todo.
    Recordemoslo con gran cariño y levantando bien alto una copita de buen vino como le encantaba a el.
    Un abrazo. - Cristina

    Erwin20/10/2011 03:35:20

    Buqui, me hiciste llorar. Me encanta la forma que tenés para DECIR LAS COSAS. Lo único que no me vas a hacer creer ni que nos reencarnemos catorce veces, es que recordás los números de teléfono del FLACO. (Por algo me dicen Pirrón de Elis)...Un abrazote y hasta la próxima cuchipanda. Erwin.-

    1

    Escribe un comentario

    Nombre (requerido)
    Email (requerido, no será publicado)
    Recordar los datos en este equipo
    Proteccin de datos
google-site-verification: googled79617e5f852b5e6.html