• Argentina Tango - Alfredo Marino - El Ciruja, su padre, la familia - Accidente en Marruecos

    La larga y provechosa charla con Alicia Marino toca a su fin… por ahora. Nos ha contado con mucha gracia y naturalidad todos los aspectos de la vida de su abuelo, aquel con el que bailó el vals de los quince años… Verán que hay mucho bueno por saber en la parte final….


    Alicia, como persona culta que era, resulta increíble que Alfredo Marino sea el poeta de una de las letras más lunfardescas del tango, su famoso "El Ciruja"...
     
    Eduardo, a veces la gente “CULTA” tiene una idea equivocada de lo que es ser CULTO. Serlo NO significa almacenar una serie de conocimientos poco populares y considerados de elite, sino poseer CULTURA GENERAL, conocer los variopintos de la vida; La Boca y la Recoleta, al cartonero y al presidente de la Rural, al albañil y al ingeniero, al peón de campo y al estanciero, al aborigen, al gaucho al porteño, al provinciano, al inmigrante y con ello, conocer su idiosincrasia, su manera de expresarse en todo. También hay que ser un observador de la vida.

    Mi abuelo nació y se crío en Almagro, en el seno de una familia culta, como se acostumbra a decir.

    Su madre era maestra, profesora de dibujo y pintura y profesora de piano, a la que le gustaba mucho la música clásica y la política, siendo que era hija de una aborigen, todas cosas muy poco comunes para la época, (hablamos que el abuelo nació en 1904).

    Su padre, italiano, de Salerno, era agrimensor, que llegó en 1876 a la Argentina, anduvo mucho por los campos de la provincia de Buenos Aires, así conoció a mi bisabuela en SaladilloEscribía poemas, era amante de la lectura, la música clásica, le gustaba la política y tocaba el piano.

    Muere cuando mi abuelo tenía 14 años, entonces decide abandonar la escuela secundaria y dedicarse a la música, a disgusto de su madre, y comienza a tocar en público la guitarra, que si bien la tocaba de oído, tenía fuertes nociones de música, adquirida en su casa. Es así que años más tarde le dedica a su entrañable padre el  Vals “El Viejo Piano”, con música de Farrell y Tobal.

    Primero fueron las fiestas familiares del Barrio, después el Café El Nacional y siguió así la historia. Barrios, suburbios, cafés, Corrientes angosta, los grandes  cabarets de la época, los teatros… la calle, todo eso es lo que enriqueció su cultura.

    De todas estas vivencias y de su sentido de observación de la vida nace su inspiración creativa de letras tan lunfardas como “El Ciruja”, que entre el mes de agosto que fue su creación, hasta diciembre de 1926, vendió 150.000 discos, siendo record.


    Otras tan evocadoras como “Del Pasado”,  tan refinadas como  “Vieja Volanta”, tan pintorescas como “Un Cambio te viene bien” o “El Batidor”, etc., etc.  En todas ellas hay riqueza poética y conocimiento pleno de la expresión idiomática culta, coloquial, popular, vulgar y esta jerga extraña, mezcla de carcelera, cocoliche y otras yerbas que es el Lunfardo.

    Algunos de sus viajes por el mundo fueron algo complicados, accidentados diría...

    Si, recién llegado a España, y dirigiéndose a Tenerife, isla del archipiélago de las Canarias, el 1 de Abril de 1.931, estando en el Estrecho  de Gibraltar, y a cuatro millas de Málaga, el portaviones  HMS Glorious de la  “Real Armada Británica", chocó con el paquebote francés “FLORIDA” , donde viajaba. Hubo 29 víctimas fatales debido más que nada al pánico, ya que el barco se hundía y la gente se tiraba, muchos murieron por el impacto sobre la superficie del barco, mientras que otros perecían ahogados o devorados por los tiburones que abundaban en la zona.

    El abuelo, siempre tan racional, se dijo "Sin guitarra, sin ropa, y sin dinero, si me salvo, que puedo hacer en tierra firme?", así que recogió sus cosas y junto a los restantes los miembros de la orquesta, espero el recate, que los llevo a tierra firme de Málaga.

    Don Alfredo Marino en la alocución el día que es nombrado Director Artístico de la emisora más importante de Argentina, LR1 Radio El Mundo de Buenos Aires, Calle Maipú 555

    ¿Siguió cantando cosas para la familia con los años? ¿Lo recuerdas?

     
    No muy seguido, pero era una ceremonia cuando sacaba la guitarra de su estuche rígido, que abría parsimoniosamente, quitaba las franelas que la cubrían, para evitar el polvo y la humedad, y allí aparecía la madera lustrosa y los brillantes trastes dorados. Era un placer y una fascinación escucharlo, cantaba con voz suave pero profunda, una dicción perfecta.

    Siempre le pedíamos otra más, abuelito!!! Otra más!   A mí en particular, solía cantarme una versión personificada de “Un cambio te viene bien”,  porque sabía que me enojaba y divertía al mismo tiempo, y decía:

    Negra fiera que tenés,
    papá pa pá (venían los golpes sobre la caja de la guitarra),
    La cara como un pambaso
    y que andás de sobre paso
    porque te duelen los pies!....

    Don Alfredo Marino enseñando guitarra a su nieto Jorge Hernán
     
    Sus hijos, ustedes los nietos... ¿Hay quienes hayan continuado en actividades artísticas como el abuelo?
     
    Es tragicómico, pero ninguno de los dos hijos de Francisco Alfredo F. Marino, Norberto Alfredo, mi padre,  Héctor Jorge, mi tío, (Coco  y Cacho, para el abuelo),  tienen oído ni para cantar el arroz con leche, y completamente nulos para el baile por el mismo motivo. Sin embargo, mi padre, Norberto, periodista y poeta inédito, saco el don para escribir y con mi tío Cacho, publicista, ambos  heredaron la habilidad manual y para el dibujo.

    Mi hermano, Norberto Néstor, si bien estudio Danzas Nativas Argentinas, como se llamaba en los 60 al folclore, tampoco termino y se dedico a la electrónica. Aunque podría ser un buen músico por su excelente oído.  Mi primo Yoryo, (Jorge Hernán), el menor de los tres nietos,  recibió de manos de mi abuelo la guitarra, por ser el nieto que decidió estudiar por música, seriamente, guitarra clásica, aunque no termino los estudios, nunca tuvo vocación artística, otro electrónico en la familia. Aún la conserva como un tesoro.

    Yo estudie junto con mi hermano folclore y Danzas clásicas y Españolas, pero también abandoné. Hice mis pininos a los siete años comenzando a escribir poesías, con gran aliento de mi padre, que también despuntaba el vicio. El trabajo y la casa van profanando las musas, hace tiempo que no lo hago.

    En algunos momentos me he dedicado en forma autodidacta a la pintura, aunque lo dejé hace tiempo. Me gustan todas las expresiones del arte, y hasta soy capaz de cantar en público con mi voz cascada del pucho.

    Intente con Edgar, mi marido que es músico, boliviano, aprender a tocar el charango, y no es que no tenga facilidad, es que aprender con los maridos es como cuando les quieren enseñar a manejar el auto a la mujer… las chicas me comprenderán, jajaja!!! . Siempre termina en disputa conyugal, es que no nos tiene paciencia!

    En tí que cómo se ensamblan ese personaje famoso del tango y el abuelo cercano y solícito...
     
    Para mí, primero es el abuelo Pipo, MI abuelo Pipo, después el personaje.

    Es el motivo que me movió a tantos años de relatar su historia, que los demás lo conozcan, no solo como el autor de un tango, sino como alguien que trabajo toda su vida de forma honesta,  y que le dejo la mejor herencia a su familia, el apellido Marino.

    Ese que a la salida de la radio y del teatro recibía reproches, quejas, etc.,del publico, por la villanía de sus personajes, que fue capaz de escribir esa letra tan rea, era el ser humano mas bueno, más leal y tierno que he conocido en mi vida.

    Alicia Marino en brazos de don Alfredo Marino el día de su bautismo, en Buenos Aires, Argentina

    Alicia, te agradezco nos hayas permitido entrometernos en la vida de la familia Marino. Además quiero felicitarte por tu iniciativa para que don Alfredo Marino tenga un espacio acorde con su carrera profesional y aporte al tango. Con nuestro saludo se sentirán representados, seguramente, los muchos tangueros argentinos, uruguayos, españoles y de todo el mundo que coincidimos a comienzos del Siglo XXI en España...
     
    Eduardo, yo soy quien debe agradecerte por brindarme tu espacio para seguir cumpliendo mi sueño de un homenaje perpetuo a la memoria de mi abuelo Pipo.
     
     
    Muchas gracias a ti, Alicia Marino   

    (En la fotografía que abre esta nota vemos a Héctor Marino, hijo del autor de El Ciruja y tío de Alicia, precisamente personificando a un ciruja)

    Eduardo Aldiser        

    Argentina al Mundo  recordando a las grandes figuras del tango de ayer, hoy y siempre

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